Arte y dolor: cuando pintar calma el cuerpo
Dicen que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Y ahí es donde el arte entra como un analgésico silencioso. No hablo solo del dolor físico —ese que aprieta las sienes o se instala en las articulaciones— sino también del que pesa en el pecho cuando la vida exige demasiado. Pintar, dejarse llevar por los colores, puede ser tan eficaz como una pastilla para el cuerpo… pero sin efectos secundarios.
